Razones para coleccionar países

Coleccionar países nos ayuda a cuantificar los hechos, ¿pero sirve para cualificar las experiencias? Difícil decirlo; es posible que no. En todo caso, ver cómo aumenta el número de países que he visitado es para mí un indicador de que he tenido una buena vida. Panamá ha sido mi país visitado número 56 -el 25% de los que hay en el mundo, aunque el número depende de quién los cuente-, y esto me ha hecho reflexionar sobre el valor de estos números. Una de las hazañas que más saboreamos muchos viajeros es el poner pie en un nuevo país. Un nuevo sello en el pasaporte, cambiar una nueva moneda, observar carteles escritos en idiomas nuevos, rasgos faciales diferenciados, variaciones gastronómicas… estos y muchos otros factores son los que nos empujan a querer traspasar fronteras y, de alguna manera, empezar a “coleccionar países“.

De hecho, el simple hecho de traspasar un puesto fronterizo supone un extra de adrenalina, una emoción comparable al esperar los regalos en Navidad. Es un simple gesto, en ocasiones sin gran significancia real pues al cruzar la frontera nos encontramos casi lo mismo: gente casi idéntica, el mismo idioma, la misma idiosincrasia. En otras ocasiones porque directamente no hay fronteras, como ocurriría al cruzar de España a Portugal. No se trata por tanto de algo físico, sino psicológico. Me recuerda a cuando era pequeño y viajaba por España con mis padres. Cada vez que abandonábamos una provincia y veíamos por la carretera el cartel de “Bienvenidos a la provincia de X”, era una sensación divertida, el alimento de los exploradores, imagino. Algo que celebrar, era.

Pero coleccionar países es también algo peligroso. Corremos el riesgo de perder el verdadero sentido del viaje, de acelerarlo y dejar a un lado la esencia misma del mismo con tal de pisar más países y en menor tiempo. Presentar el haber visitado tantos o cuántos países no supone mérito alguno por sí mismo. El hecho de lanzarse a viajar, con todo lo que ello implica, supone a mi punto de ver el mundo algo meritorio, pero no es algo que se mida por números de países, cual si fueran medallas. Vivimos en un mundo de competitividad que nos empuja a querer acumular más que los demás, aunque sean países visitados, convirtiéndose en una droga que puede llegar a deformar el fin último del viaje. Me recuerda esto a esos fantasmas que van contando con cuántas mujeres han estado, como si haber estado con muchas fuese necesariamente más satisfactorio que haber estado con una sola pero buena. Y usando esta banal comparación, el haber pasado varios meses o años en un país extranjero de cultura diferente a la propia puede ser tanto o más enriquecedor que el haber viajado por decenas de países similares al tuyo. Por tanto, los números nos pierden a la hora de crearnos una mirada ajustada al valor del curriculum del viajero. Más aún cuando hay países del tamaño y variedad de India o China, y otros como Luxemburgo o Andorra -con todo el respeto e interés que estos merecen-.

No obstante a lo anterior, he de admitir que me encanta coleccionar países, y que seguiré haciéndolo: intentando visitar todos los países que sea capaz de abarcar por las rutas que transite. Cada uno de ellos es un regalo desenvuelto, un nuevo contexto del que me siento parte, una ilusión cumplida y guardada en el recuerdo con cariño. Y un aliciente para seguir descubriendo el resto. Puede ser un mal vicio, lo admito, pero también puede ser un afición sana, enriquecedora y transformadora.

coleccionar países
visited 56 states (24.8%)
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