El Sabio de Bagan – Templo Pyathada Paya

Esperábamos el anochecer sobre el templo Pyathada Paya en Bagan, Myanmar. Un grupo de turistas chinos nos flanqueaban por el lado sur del templo, todos cargados con sus cámaras de varios miles de euros, esperando a que empezase el espectáculo. Nos los quedamos mirando en silencio, asombrados como todas y cada una de las veces anteriores en las que habíamos vivido la experiencia inigualable de ver comportarse a un grupo de turistas chinos, independientemente de que estén dentro o fuera de su hábitat natural.

Vistas a Bagan
Sentado en el templo Pyathada Paya, en Bagan, Myanmar

Pyathada Paya

Hacía poco más de una semana que habíamos salido de China y no dejábamos de maravillarnos por sus sonidos, sus ruidos, su alegría y su alboroto, sus colores en gorras, camisetas, ropa de deporte de marca, en las banderas que llevaba la guía para marcar el paso al grupo y que no se le perdiera nadie. Allí estaban, como nosotros, en el templo templo Pyathada Paya, uno de los mejores que hay en Bagan para observar la puesta de sol.

fotografo Pyathada Paya
Este chico birmano se encargaba de tomar fotografías de los turistas en el templo Pyathada Paya

Nos mirábamos el uno al otro con una sonrisa silenciosa, sarcástica y cómplice, que susurraba psicológicamente un “halou” con la melodía del segundo tono del chino mandarín. Pese a que ya llevábamos casi un año y medio en China y hablábamos suficiente chino mandarín como para mantener una conversación con cualquiera de aquellos seres milenarios, permanecimos callados, expectantes ante el atardecer y disfrutando el espectáculo turístico de los habitantes de la tierra del medio.

Cuando ya empezábamos a perder el interés, se nos acercó un hombre de mediana edad, que nos habló en inglés, con una sonrisa dibujada en sus labios y la serenidad del que sabe algo que su interlocutor desconoce, diciendo: “algún día, los chinos dominaremos el mundo”. Dio media vuelta y desapareció entre sus paisanos.

vistas desde Pyathada Paya
Las vistas desde el templo Pyathada Paya

Nos miramos medio descojonados y medio acojonados, divertidos por la parrafada que el personaje se acababa de marcar, pero asustados en cierto modo ante la premonición fatalista que ese ser fantasmagórico de Bagán nos anunciaba. ¿Se equivocaría? ¿Era una advertencia o una amenaza? Creo que los dos sabíamos que en el fondo aquel hombre tendría razón en lo que decía, aunque no supiéramos por qué tenía tanto interés en hacérnoslo saber precisamente a nosotros. “El sabio de Bagán”, le llamaríamos.

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