Mensaje a los super-ricos

Hoy nos hemos despertado con una noticia de esas que en el fondo todos intuimos, pero que no por ello es menos dura de escuchar: las veinte personas más ricas de España tienen tanto como el treinta por ciento más pobre. Me pregunto cómo se sentirán esas veinte personas, si se harán preguntas que cuestionen su posición preponderante como normal, o acaso noble; si encontrarán excusas para justificar la injusticia evidente.

Estoy convencido de que desde su superioridad económica, reconvertida ante sus desvirtuados ojos en superioridad personal e incluso moral, fabricarán realidades paralelas para acallar la voz de la conciencia; igual que los ejércitos en tiempos de guerra, que deshumanizan al enemigo y lo consideran inferior para así poder matarlo con toda la saña necesaria; o inventando excusas insostenibles desde la lógica, al igual que podría hacer el político corrupto que roba porque, si no roba él, lo haría otro de todos modos. No me cabe la menor duda de que estos veinte super-ricos pensarán que, si no fueran ellos, sería cualquier otro el que acumule su riqueza sin dejar nada al resto: ¿por qué iban a sentirse mal por ello?

Yo no les digo, señores super-ricos, que cedan toda su riqueza, ni siquiera una milésima parte de ella, al resto de la humanidad necesitada. Eso sería demasiado iluso e hipócrita, puesto que la mayoría de nosotros no estaríamos dispuestos a regalar lo que ya poseemos, y en eso me incluyo. Sólo les pido que dejen de acumular.

Sí, dejen de ganar, porque los recursos son limitados y mientras más amasan ustedes, menos queda para los demás. Aunque sea una mera coincidencia numérica, queda ejemplificado con los datos aportados por Oxfam Intermón, ONG que asevera que mientras la riqueza de las grandes fortunas creció el 15% durante 2015, el patrimonio del 99% restante decreció ese mismo 15%. Estas matemáticas que arguyo no están interconectadas de forma exacta, puesto que los mercados funcionan de modos complejos en exceso, pero lo que está claro es que si estos pocos super-ricos continúan abusando de sus posiciones dominantes, controlando gobiernos y políticas sistémicas, el problema sólo irá en aumento. Así que yo digo: dejen de ganar, retírense. Ya tienen dinero más que suficiente para vivir despreocupadamente el resto de su vida, también para que sus hijos y sus nietos lo hagan. No donen su dinero, dedíquense a disfrutarlo como gusten, pero no acaparen más, no sigan destruyendo el estado del bienestar con sus pretensiones liberales de empobrecer aún más a los trabajadores y al estado para seguir creciendo ustedes. Dejen de empeorar el mundo, porque su excesiva y obscena riqueza es un muro contra la justicia y la igualdad, creadora de conflictos e infelicidad.

Dirán ustedes que lo que hacen es legal. Es legal, sí, pero no es moral. Y como la ley debería estar basada en lo moral, esto significa que las leyes existentes han perdido su virtud y validez, ya que les permiten tener una posición abusiva y destructiva para con la sociedad. Porque no hay derecho a que un asalariado que tenga hoy en día la suerte de ganar mil euros al mes, y que trabaje sin descanso durante 45 años de su vida, vaya a obtener en total 540.000 euros. Y con eso tiene que vivir, pagar facturas y sacar adelante una familia. Mientras, ustedes se las ingenian para pagar la menor cantidad de impuestos posible, acumulando miles de millones de euros en sus cuentas repartidas por unos paraísos fiscales que no contribuyen en nada a la mejora del estado ni al reparto de la riqueza. Por si fuera poco, gracias a su poder y conocimiento se las arreglan para evitar los impuestos de sucesiones que los de a pie tenemos que enfrentar, y que hacen que muchos de nosotros tengan que rechazar el patrimonio heredado.

Tampoco se les ocurra venirme con esas de que su riqueza la han ganado con el sudor de su frente. Si hubieran conocido la pobreza en la que viven sumida los ciudadanos de otros países, o la que existe en nuestra propia España; si alguna vez salieran de su burbuja de irrealidad, se darían cuenta de lo que les hablo. Ustedes podrán haber medrado hasta tener unas cuantas decenas de miles de euros en el banco trabajando como descosidos, pero los miles de millones no se ganan trabajando en la obra, arando el campo, dando clases de instituto ni patrullando las calles: los han ganado sentados en sus despachos, especulando o abusando del consumidor. Viviendo en sus casas de lujo mientras los que trabajan para sus empresas, tanto en España como en el extranjero, lo hacen por sueldos irrisorios en comparación con los beneficios que a ustedes les reportan. Vendiendo bienes o servicios, ya sean viviendas, electricidad o hipotecas, a unos precios exorbitantes en relación al coste-beneficio que les genera. Así es como la mayoría de ustedes se ha super-enriquecido: abusando de los demás. Es tan sencillo como que para que alguien se enriquezca de esa manera tan extrema, tiene que provocar indirectamente que alguien deje de enriquecerse con ese mismo dinero. Porque significa que no han repartido, ni de lejos, con un poco de equidad sus ganancias entre aquellos que les han hecho posible enriquecerse, o que han estafado a aquellos a los que les han tomado el dinero, pues les ha reportado mucho más de lo que efectivamente necesitaban y el precio cobrado podía haber sido mucho menor y aún así ustedes seguirían siendo ricos, aunque quizá no super-ricos. Porque el empleo que ustedes dicen crear no es loable ni digno, y con el actual sistema competitivo impuesto por ustedes, los super-ricos, donde sólo la ganancia es importante, no dejan lugar a que vengan otros empresarios con cierta moral que efectivamente premien a sus trabajadores como merecen. Por eso, ustedes y sus empresas no tienen nada de lo que enorgullecerse. Es falso que la sociedad necesite de super-ricos que creen empresas y trabajo, puesto que si los recursos no estuvieran acumulados en sus sucias manos, serían otros empresarios menos ricos y, con suerte, más éticos, los que pondrían ese dinero a funcionar. Ustedes no aportan nada, ni son nada, sin los pobres a los que exprimen. Por eso, ser un super-rico jamás podrá ser ético ni moralmente aceptable. Ricos o medio ricos, puede ser razonable; super-ricos, jamás.

Así que cierren, váyanse, desmonten sus imperios y dedíquense a disfrutar de la vida a tutiplén con los miles de millones que poseen. Que todo aquel que llegue a acumular, digamos, cien millones de euros, se vea obligado por ley a retirarse del mercado y disfrutar de la vida, porque tener más de eso es inhumano y debería dar asco de ser poseído mientras otros mueren de hambre o no tienen un techo donde dormir. No abogo por que seamos todos iguales, no abogo por eliminar la riqueza, solo por limitar la desigualdad. Dejen hueco para que lleguen otros, abandonen su poder mayor de aquel de muchos gobiernos, que presiona desde la sombra, desde “los mercados”, a las instituciones públicas para exprimir aún más a las clases bajas. Acaben con la progresiva y acelerada polarización del mundo entre super-ricos y super-pobres. Y si ustedes no lo hacen, una ley justa debería hacerlo, por el futuro de la humanidad. De no ser así, la gente desesperada tarde o temprano despertará e iniciará una revolución que los saque de su privilegio, porque así ha ocurrido históricamente, y más conflictos violentos es lo último que necesitamos.

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