Leyendas de Sanliurfa

“Una familia siria también vivía sobre nuestro zulo comunitario, y toda aquella zona fronteriza con el país en asedio estaba poblada por pobres gentes que lidiaban para sobrevivir en un mundo ajeno a dioses y justicia ulterior”.

A estas alturas del viaje se hace más patente que nunca la enfermedad del viajero. Salir de Asia Central e Irán para meterse en Turquía, y avanzar progresivamente hacia occidente y la modernidad de más allá de la frontera europea, disminuye el exotismo de los lugares y su capacidad para sorprenderte. Tus umbrales de satisfacción cambian, de mano de las características repetitivas de los lugares, del cansancio físico y mental, y de la monotonía de los estímulos: a saber cuántas mezquitas habría visto ya en los últimos meses.

Sin embargo, siempre hay cosas que destacar en cada lugar. Como con un mal libro o una mala película, siempre puede sacarse algún punto de genialidad que añadir al repertorio de excelencias culturales apercibidas. En el caso de Sanliurfa -en turco Şanlıurfa-, su belleza arquitectónica y su riqueza cultural eran indudables, pero a veces las sentía como consabidas, viniendo de allá donde venía.

DSC_1125 copia
Puerta de entrada a uno de los jardines de Gölbaşı, donde pude apreciar la influencia del arte árabe por primera vez en el viaje.

De Sanlirfa recuerdo con cariño unos pocos lugares. Empezaré por Gölbaşı, una amplia plaza que da cabida a una serie de atracciones religiosas con sus numerosos peregrinos. Allí aconteció la historia de Abraham, profeta islámico del que también conocemos nosotros a través de la Biblia cristiana. En su día, como consecuencia de su empecinada actividad dirigida a erradicar el culto a los dioses paganos de la ciudad, a ser quemarlo vivo fue condenado por el rey asirio de la época, que buscaba que parase de tocarle los dioses para siempre.

DSC_1152 copia
Una de las piscinas con carpas sagradas de Gölbaşı

Cuando encendieron la hoguera, cuenta la leyenda, el fuego se convirtió en agua y los leños en peces, Abraham salió por los aires desde el castillo que aún gobierna la plazoleta desde lo alto de un risco, y cayó ileso entre un jardín de rosas. Guionistas de Hollywood, aprended. Para rememorar todo aquello, el lugar se ha convertido en un parque temático sobre la hazaña acontecida, encontrando una extensa alberca llena de carpas sagradas, las cuales te dejarán ciego si las osas tocar. Por eso será que los enjambres de cientos de carpas, gordas carpas glotonas, son alimentadas con jolgorio y devoción por todo peregrino turista que rodea el borde acuoso.

DSC_1144 copia
Carpas sagradas, más bien glotonas, que se lanzan a por la comida en escenas que bien podrían inspirar películas de animales asesinos tales como Piraña o Pájaros.

Por demás, en Gölbaşı hay unas cuantas mezquitas, tres si no me equivoco, y en la principal de ellas se encierra tras un cristal, que se me antoja antibalas, el lugar donde supuestamente Abraham cayó, y donde los peregrinos acuden a puñados, agachándose bajo una entrada de piedra de poco más de un metro de altura, arrodillándose frente al cristal a cuyo otro lado fluyen las aguas desde la montaña en dirección a las piscinas de carpas sagradas. Arquitectos de Port Aventura, aprended.

DSC_1177 copia
Lugar sagrado donde cuenta la leyenda que cayó Abraham
DSC_1150 copia
Un gatillo cabrón duerme sobre una tumba mientras los fieles rezan
DSC_1157 copia
También abundaban los impactantes cementerios musulmanes

DSC_1203 copia

El fuerte, como decía, vigila a los infieles desde lo alto de un risco. Parece que antiguamente siempre se buscaban una buena roca donde construir una fortaleza, y luego ya que la gente se fuese acercando a vivir. Vivo ejemplo es Málaga, y Antequera, y Ronda y tantas otras. Subir a lo alto de las murallas ofrece unas vistas de la ciudad acongojantes, y si a eso le unes el momento del rezo atronando por los esbeltos minaretes de la mezquita más abajo, bien merece la escena una postal.

DSC_1160 copia
Magnífica visión de Sanliurfa desde lo alto del castillo
DSC_1165 copia
En una ciudad de edificaciones bajas, mezquitas y minaretes, destacaba horripilantemente un edificio gigantesco, construido sin ningún respeto por el entorno

Por si fuera poco, allí mismo había un restaurante con acongojantes vistas, y tanto yo como mi acompañante aquel día, un chaval Italiano llamado Andrea, decidimos que sería el mejor lugar para echarse algo a la tripa. Con Andrea coincidí en el hostal, era un joven de veintidós años, enjuto fumador compulsivo, que trabajaba en una heladería italiana en Alemania y durante los meses de invierno tenía vacaciones. Así que había decidido cruzar Asia haciendo la ruta inversa a la mía. Su curiosidad parecía no tener límites, y lo preguntaba todo tanto a mí como a otros viajeros, haciéndome sentir un experto viajero cuando, en realidad, pronto lo sería él más que yo.

DSC_1182 copia
Buen restaurante el que se encontraba a mitad de subida del castillo, aunque ligeramente apreciado

El bazaar de Sanliurfa, uno más de la Ruta de la Seda, se extiende por una entramada red de callejuelas, algunas cubiertas, otras no, pero que no tenían el encanto de otros mercados vistos en semanas y meses anteriores. Justo lo que explicaba al principio de este texto. Lo más interesante del lugar eran sus gentes y, excepcionalmente, algunos de los productos que allí se vendían, destacando unos coloridos ramilletes de de vegetales secos que colgaban de los techos en algunos puestos.

Este muchacho trabajaba en el bazar vendiendo mochilas con motivos poco islámicos. Trabajo infantil en muchos de los países por los que he pasado... así es en la mayor parte del mundo
Este muchacho trabajaba en el bazar vendiendo mochilas con motivos poco islámicos. Trabajo infantil en muchos de los países por los que he pasado… así es en la mayor parte del mundo
DSC_1184 copia
Ali Baba estaba en todas partes, un grande fue.

Otro hecho que me llamó la atención al llegar a Sanliurfa, fue que las kufiyya, pañuelos tradicionales de cuadritos conocidos coloquialmente por nosotros como “Palestinas”, alternaban sus colores blanco-negro con blanco-rojo. Según deduje, los que portaban los pañuelos de color blanco-rojo eran árabes, los primeros que veía, y sus rasgos y vestimentas características llamaron constantemente mi curiosidad. Inmediatamente en mi desquiciado imaginario los tomé a todos como adinerados jeques saudíes. De tal modo, al ver a un anciano con su kufiyya en animada charla con otros vejetes, quise sacarle una buena foto, de las que se toman bien cerca. Cómo conseguirlo era cosa complicada, pues no había interactuado nunca con un árabe, y no estaba seguro ni de su procedencia ni de su profesión religiosa exacta, aunque supuse que sería chiíta. Me acerqué y le hice conversación intentando preguntarle de dónde era, pero no fue fácil comunicarse. Crucé con él un par de palabras sin pena ni gloria, pero ya estaba allí delante suya, sin parecer un extraño, que era lo que yo buscaba. Me acuclillé y, mientras dialogaba con sus acompañantes sobre el hecho curioso de que un extranjero se pusiera a hablarle, saqué una buena instantánea a pocos centímetros de él.

Sanliurfa, Turquía
No me negaréis que este hombre es todo un icono, bien merecía una foto

En Sanliurfa pasé mis noches en un hotel boutique, que así parecen llamarse los alojamientos que conservan una arquitectura tradicional y un encanto especial, y compartí habitación con cuatro o cinco extranjeros en una habitación-cueva de techos redondeados y paredes inclinadas, que más bien parecía un bunker nuclear. Allí compartía también estancia un sirio que intentaba emprender una nueva vida lejos de la guerra, y buscaba trabajo sin demasiado éxito por el momento. No era el único. Una familia siria también vivía sobre nuestro zulo comunitario, y toda aquella zona fronteriza con el país en asedio estaba poblada por pobres gentes que lidiaban para sobrevivir en un mundo ajeno a dioses y justicia ulterior. Aunque rico en Historia y leyendas increíbles.

Foto 28-11-13 18 44 24 copia
El Hotel Boutique, de amplio patio central, donde me alojé por un módico precio. Dormir en el suelo era lo normal en esos días

 

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies