Los colores de Brasil durante el Mundial

Jogo bonito

En Brasil protestan contra el Mundial de Fútbol, aquello es un caos, una guerra, y la violencia ha emborronado la fiesta futbolística. Mentira. Una más, de los medios de comunicación manipulando los hechos en su propio interés. Obviamente vende mucho más ese titular que decir que una minoría de personas protesta por reivindicaciones sociales y derechos laborales, y que utilizan el Mundial de Fútbol para ganar notoriedad y visibilidad. Sobre todo internacional.

No sé si se trata de conseguir más atención del público al exagerar la realidad y hacerla más fatalista y novelera -que en el país del fútbol protesten contra un Mundial es muy melodramático-, o de simplemente atraer más lectores y vender más periódicos. No es de extrañar que cada vez que me comunico con alguien ajeno a la realidad brasileña una de las primeras preguntas sea siempre: “¿y hay muchos follones por allí? La gente tendrá mucho descontento, habrá liada una buena”. Pero lo cierto es que no, que no he visto ni una sola señal de descontento, manifestaciones o repulsa hacia el Mundial. Más bien todo lo contrario, la gente está entusiasmada siguiendo el campeonato.

Los colores de Brasil durante el Mundial
Los colores de Brasil durante el Mundial

Es cierto que existe mucho descontento social respecto a las políticas del gobierno, en lo referente a corrupción, inversiones en salud y educación, trato a la población pobre -por ejemplo con expropiaciones y permisividad ante abusos laborales-, o mala administración de los fondos públicos a la hora de construir infraestructuras. De todo esto sabemos bastante los españoles también. La gente, por tanto, protesta de forma recurrente y se organizan manifestaciones exigiendo subidas salariales, igualdad de derechos o justicia. Se producían antes del Mundial y se seguirán produciendo después, igualmente. Pero claro, la visibilidad y notoriedad que han ganado utilizando el Mundial como excusa, ha sido inigualable. Es cierto que se ha vilipendiado una barbaridad de dinero en obras de baja calidad, que no han terminado a tiempo o que, como me indicaba un abogado conocedor de todas las vicisitudes, de amaños en las obras para solicitar más dinero a última hora y poder sacar mayor tajada.

Básicamente, existe una ley en Brasil que permite adjudicar la cantidad de fondos que sea solicitada por la constructora en caso de necesidad urgente. Terminar las obras antes del comienzo Mundial se consideró necesidad urgente por muchos gobiernos regionales, que han aceptado las peticiones económicas de las constructoras sin importar la cantidad, pues ellos mismos se quedaban con parte bajo cuerda. Corrupción, nada nuevo en Brasil. El mayor problema es que muchas obras se han retrasado a propósito para aprovecharse de esta ley y estafar al Estado. ¿Es el problema el Mundial? No, son los políticos y las leyes que promueven o no rediseñan.

También la FIFA ha desencadenado gran parte del problema, estableciendo condiciones absurdas, promoviendo la construcción de demasiadas sedes, demasiado alejadas entre sí, estadios demasiado grandes que tras el Mundial quedarán muertos, vacíos, necesarios de un mantenimiento que nadie está dispuesto a pagar y que finalmente saldrá del bolsillo de los brasileños. Todo, por culpa de una mala estrategia, un terriblemente erróneo análisis de la realidad económica y social brasileña o, más probablemente, por culpa de muchos intereses ocultos que solo buscaban el provecho propio. De nuevo, la culpa es de los dirigentes, que han dejado a la FIFA hacer lo que quiera para todos enriquecerse a placer, pero no del Mundial en sí.

Muchos de los factores que he analizado ahora mismo son también consuetudinarios de la realidad española. Obras que se caen a pedazos, aeropuertos nunca utilizados, corrupción que se salda sin culpables, de eso todos hemos oído mucho en los últimos años. Manifestaciones en España, y protestas por conseguir un país mejor, no han faltado; pero, sin embargo, los medios de comunicación en muchas ocasiones han acallado su repercusión, dirigiendo su mirada únicamente a los violentos para denigrar a los protestantes -como en Burgos-, dando voz a los políticos o a la policía en vez de al pueblo. Con Brasil, por el contrario y al igual que ocurrió en su día con Ucrania, se muestra todo como una lucha del pueblo contra el gobierno y las injusticias. Le da a uno por pensar que quieren que creamos que en España no estamos tan mal, cuando en Brasil protestan hasta por tener un Mundial de Fútbol.

Lo cierto es que en Brasil la gente protesta aún mucho menos que en España. Existe el mismo descontento con las clases dirigentes, y la situación para muchos millones de personas es si cabe aún peor que la nuestra, pero la gente parece no haberse levantado del mismo modo que ha ocurrido en nuestro país. De momento. Pero los medios de comunicación españoles crean una montaña de donde solo hay granos, transformando unos hechos aislados en una idea que ahora todo español tiene en mente: Brasil es un caos, territorio comanche, violencia y manifestaciones. Y yo me pregunto por qué han creado esa falsa imagen de Brasil.

Los medios de comunicación brasileños me deslumbran con una actitud radicalmente opuesta. Hace unas cuantas noches el canal de noticias resumió en un minuto las manifestaciones organizadas ese mismo día en algunas ciudades brasileñas, pocas ciudades, en las que se veía claramente en las pancartas cómo se exigían subidas de salarios, mejoras de servicios sociales o el fin de la corrupción, así como algunas quejas sobre el Mundial y la FIFA. La excusa para ello era argumentar que para Mundial y FIFA si hay dinero, mientras para los ciudadanos no, pero de ahí a decir que las protestas iban dirigidas directamente hacia el Mundial… dista mucho -aunque no para los medios españoles, claro-. Y luego estaban los antisistema y los violentos. El telediario pasó directamente a ellos tras la brevísima introducción sobre las reivindicaciones de los protestantes pacíficos, continuando con un par de minutos de vándalos rompiendo cristales de bancos, asaltando un concesionario de Mercedes Benz y destrozando todos los coches de alta gama que había dentro -que dime tú la culpa que tendrá Mercedes Benz del Mundial ni de ninguna otra cosa-, así como las intervenciones y numerosas detenciones policiales. Como en España, intentaban mostrar una cara sucia y malvada de los protestantes, creando una excusa para justificar la violencia policial, también fuertemente instaurada en Brasil, al igual que en España. Estaba claro hacia dónde quería apuntar este sesgado medio de comunicación: las manifestaciones son perjudiciales, fíjate qué clase de gente protesta y cómo terminan. No os manifestéis.

En todo caso, la noticia pasó fugazmente dando paso al espectáculo futbolístico, dejándome la sensación de que los medio internacionales le prestan mucha más atención y tiempo al asunto que los propios medios brasileños. Ni los medios internacionales ni los brasileños trataban, en definitiva, la noticia como se debía. La gente, mientras tanto, acude a millares a los estadios y a los bares para ver cada partido, las calles están plagadas del amarillo chillón del combinado nacional, y los jóvenes se pasan el día jugando al fútbol en la playa y en las calles soñando con poder jugar algún día en uno de esos estadios. Porque, al final, ante la impotencia de poder cambiar las cosas a mejor y echar a la calle a la piara de mandatarios que nos gobiernan, buscamos la felicidad en estas cosas. Por eso me alegré de que España fuera eliminada, para que la gente no se contente con eso y dejen así de protestar. Por eso deseo que Brasil pierda el Mundial, en la final, en un nuevo Maracanazo, para que al menos los políticos no puedan utilizar la victoria en el Mundial como una victoria política.

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