Jinotega, un pueblo de Nicaragua

Viajando en solitario por el país centroamericano, descubrí con satisfacción que las gentes de Jinotega, un pueblo nicaragüense, eran especialmente amables, sonrientes, conversadoras, sencillas y amigables.

Limpiando zapatos junto a la estación de autobuses
Limpiando zapatos junto a la estación de autobuses

Llegué a la estación de bus de Jinotega y comencé a andar hacia donde me indicaron que estaba el centro de la ciudad. En la misma estación pregunté por hostales a un hombre que aguardaba su turno para que sus zapatos fuesen limpiados por otro que había montado su puesto en el mismo andén. Me recomendó que fuese al “hostal de doña María”. A medida que iba caminando en la dirección indicada empecé a notar cómo la gente se me quedaba mirando, algunos con una sonrisa, otros con expresión seria, que igualmente se transformaba en amabilidad cuando les decía “buenas tardes” o “hola”.

Niños que estaban en la calle charlando y que me indicaron hacia dónde estaba el hostal de doña María
Niños que estaban en la calle charlando y que me indicaron hacia dónde estaba el hostal de doña María

Aproveché para conversar con unos chicos que estaban frente a una “pulpería” -tiendas de todo un poco-, preguntándoles de nuevo por indicaciones hacia el centro de la ciudad. Poco más adelante le pregunté a una mujer que estaba sentada con una niña frente a una tienda donde se vendían enormes piñatas de cumpleaños con formas de personas, animales e incluso minions, y aproveché para consultar una vez más por el hostal. Quedaba en una calle cercana, pero aún así pregunté pocos metros más adelante a otros dos hombres con los que me crucé por el camino, a sabiendas de que el lugar debía estar allí al lado. Mantuve unos cinco minutos de conversación hablando sobre Nicaragua y España con ellos dos. Diez metros más allá, y otros tantos antes de llegar al hostal indicado, otro hombre sentado frente a una puerta, con expresión seria en un principio pero pronto sonriente, fue objeto de nuevas conversaciones: resultó ser nieto de españoles, vascos, aunque me aseguró no tener nada que ver con la ETA. Curiosamente salió de él mencionar que no todos los vascos eran de la ETA, al igual que no todos los árabes eran terroristas. Me dieron ganas de darle un aplauso y un abrazo. Preguntaba a cada persona con la que me cruzaba, porque daba gusto entablar conversación.

Jinotega

Jinotega

Jinotega

Jinotega
Este hombre tenía antepasados vascos, y efectivamente su aspecto físico era el de un español

Llegué al hostal de doña María o doña Mary -según las fuentes-, que me enseñó una enorme habitación con una cama de matrimonio que me ofreció por 350 córdobas la noche -unos 11,5 euros-. Como le puse mala cara, pronto bajó “por ser yo” a 300 la noche -10 euros-. Le prometí que me quedaría dos noches si ajustaba un poco más el precio, y accedió a dejarlo en 500, 250 por noche -unos 8 euros la noche-. No obstante, le pregunté si no habría algún otro lugar un poco más económico por la zona. Dejé mi mochila en su salón porque lo más probable es que regresara, pero me dirigí a un hostal donde me recomendó preguntar por ser el más económico del pueblo, abandonando así su casa por unos minutos.

Doña María, en su casa, donde vivía con su hija y otra mujer
Doña María, en su casa, donde vivía con su hija y otra mujer

Avancé hacia donde me había indicado la existencia de ese hostal más económico, pero al doblar la esquina me encontré casualmente con la oficina de información turística. Pronto fui informado por un joven trabajador de que el hostal indicado no era muy recomendable pues era usado como alojamiento por horas, por parejas que van a lo que van. Me ofreció algunas indicaciones sobre ciertas actividades interesantes para hacer en el pueblo, destacando la opción de subir unas montañas hasta llegar a una finca cafetera donde me podrían mostrar gratuitamente el proceso del café y el funcionamiento de la fábrica. Eso sonaba estupendamente teniendo en cuenta que en el resto de Centroamérica un tour cafetero podía oscilar entre los 15$ y los 30$. Así mismo, me recomendó otro hostal donde la habitación me saldría por 150 córdobas la noche. Merecía la pena ir echar un vistazo, así que me acerqué. El hombre que me abrió la puerta, que aparentaba estar un poco adormilado o drogado, aunque me inclinaba más por lo segundo, me mostró una habitación lúgubre, sin ventanas, bastante pequeña, y que costaba 300 córdobas -10 euros-. Ese precio exagerado seguramente era el “precio de extranjero”, pero ni siquiera me entretuve a regatearle: ni me interesaba el lugar ni me interesaba darle dinero a alguien que pretendía estafar a un extranjero.

Calles de Jinotega
Calles de Jinotega
Había visto muchas mujeres portando cosas con la cabeza, pero era la primera vez que me cruzaba con un hombre haciéndolo
Había visto muchas mujeres portando cosas con la cabeza, pero era la primera vez que me cruzaba con un hombre haciéndolo

Camino de vuelta al hostal de María, un hombre que cruzaba la calle en mi dirección me preguntó si hablaba español. Le dije que sí, y me preguntó si le podía hacer un favor. Le contesté que eso dependería, pues imaginaba que lo que buscaba era mi dinero. Llevaba su pasaporte en la mano, dijo ser de Costa Rica, visiblemente nervioso, y que acababa de perder su equipaje en un autobús. Podía perfectamente haber sido una actuación, pero si lo era, la estaba llevando a cabo de forma meritoria. Me mostró incluso su pasaporte, que miré con atención porque no me fiaba ni un pelo de su versión, y observé que contenía multitud de sellos de diversos países. Decía que debía regresar a Costa Rica pero no tenía dinero. Pese a que el hombre conservaba su pasaporte y su carnet de identidad costarricense, decía no poseer su tarjeta de crédito, que ante mi pregunta dijo haber perdido junto con su equipaje y ya haber dado de baja con su banco. Era raro que si a alguien le robaban la tarjeta de crédito no hubiese perdido también su pasaporte o su carnet de identidad; pero, al mismo tiempo, que alguien de Costa Rica, un país más rico que Nicaragua, estuviera en un pueblo poco turístico como Jinotega buscando estafar turistas, era igualmente poco probable. Mucho más improbable es que fuese por aquella calle buscando estafar extranjeros -no vi ningún otro aparte de mí- caminando con su pasaporte en la mano. Siendo así y habiéndome visto en su misma situación cuando me robaron en Guayana Francesa, no dude en buscar un billete de 100 córdobas fuese verdad o mentira su historia. Con eso debería tener casi suficiente para llegar a la frontera, que es a donde me había pedido ayuda para llegar.

Hombre vendiendo frutas y hortalizas por la calle
Hombre vendiendo frutas y hortalizas por la calle
Vendedor de plátanos que se puso a cantarme rancheras y ballenatos, animado por alguna bebida espirituosa que se había bebido poco antes
Vendedor de plátanos que se puso a cantarme rancheras y ballenatos, animado por alguna bebida espirituosa que se había bebido poco antes

Jinotega

Me alejé pensando en la probabilidad de haber sido estafado, pero contento igualmente por haberme desprendido de aquel dinero con la intención sincera de hacer un favor a alguien. Al regresar a casa de María, entré por la puerta diciéndole que al final ni siquiera había llegado al hostal que me había recomendado. Pero antes de tener tiempo de terminar mi frase, ella me interrumpió amablemente para decirme que si quería me podía quedar por sólo 200 córdobas la noche en otra habitación más pequeña que tenía. Me resultó una idea excelente. Sin siquiera pedirlo, me acababa de ahorrar 100 córdobas, la misma cantidad entregada al costarricense minutos antes. Curiosas casualidades, dignas de la carretera. La única “desventaja” de la nueva habitación era que tenía que compartir baño con un par de nicaragüenses que tenían la habitación de al lado; nada que me importase en absoluto.

Hombre mirando por la ventana de su casa en el pueblo
Hombre viendo pasar a la gente desde la ventana de su casa en el pueblo
Mujeres charlando tranquilamente en las calles del pueblo
Mujeres charlando tranquilamente en las calles del pueblo

A la mañana siguiente volví a acercarme a la oficina de información turística para concretar el camino que tenía que seguir para llegar a la finca cafetera, que estaba aproximadamente a una hora de distancia caminando montaña arriba por un camino de tierra. Desde la oficina llamaron por teléfono a la oficina de la finca cafetera, y un trabajador de la misma, que estaba casualmente por el pueblo para llevar unos papeles, me ofreció que fuese con él caminando. Acepté y poco después nos encontramos en la oficina que la empresa tenía en el pueblo: Angelina Estates, se llamaba su marca de café. Ya cuando llevábamos 20 minutos caminando monte arriba, con el resuello dificultando la conversación, pasó la dueña de la finca con su todoterreno, conducido por su hija, y una estadounidense que tenía su propia ONG y que casualmente había visto, aunque no conocido, el día anterior en el hostal donde me alojé en la ciudad de Matagalpa. Ella fue allí para llevar a cabo entrevistas con vistas a contratar profesoras para su ONG. Cristobal, que se llamaba el joven con el que caminaba hacia la finca, contestó con un “esperemos” a mi pregunta de si el vehículo pararía a recogernos. Puse mi mejor sonrisa de extranjero y tras adelantarnos, cuando ya estaba a punto de perder la esperanza, el vehículo paró. Quizá la estadounidense me había reconocido y eso fue motivo añadido para darnos el resto del paseo hasta la finca, que estaba un buen trecho más allá.

Vistas del pueblo desde las montañas
Vistas del pueblo desde las montañas

Nos llevaron a la finca, ofreciéndonos un paseo por los cultivos de café, así como la subida a un mirador con vistas impresionantes sobre el pueblo, desde gran altitud. Visitamos el vivero donde criaban diferentes especies de plantones de café, y a una escuela que habían montado para los niños de la comunidad de esas montañas. Conocimos la fábrica y nos explicaron el proceso de producción, ¡e incluso nos hicieron una cata de café! Todo con suma amabilidad, todo desinteresadamente y sin pedir nada a cambio. Pero es que también nos invitaron a desayunar, ¡y a almorzar! En un restaurante tan moderno que chocaba en un pueblo como aquel. Por si fuera poco, nos regalaron tanto a la estadounidense como a mí un paquete de café de su propia fábrica. Costaba creer que aquella gente pudiera ser tan generosa y amable.

Conexiones y casualidades, la carretera trayendo sorpresas, situaciones peculiares y lecciones de vida. Viajando cada día uno está abierto a vivir el mundo real, a exponerse a retos, a pruebas de aprendizaje y demostraciones de humanidad. También a veces en su versión negativa, pero en otras muchas ocasiones en su lado más bondadoso y gratificante.

La iglesia del pueblo
La iglesia del pueblo
Pizzería ambulante donde cené dos porciones de pizza por 1 euro
Pizzería ambulante donde cené dos porciones de pizza por 1 euro
El casino del pueblo. Bastante grande en comparación con las dimensiones de Jinotega
El casino del pueblo. Bastante grande en comparación con las dimensiones de Jinotega
La funeraria del pueblo, abierta 24 horas...
La funeraria del pueblo, abierta 24 horas…

8 comentarios

  1. Doris Gómez Martínez

    Estimado Sr. Casado, me ha dado mucha felicidad que usted haya publicado este maravilloso reportaje sobre su viaje a mi ciudad natal de Jinotega en Nicaragua, conocida como “La Ciudad de las Brumas, por su ya añorado clima. Estuvo hospedado donde Doña Mary, una persona excelente, viuda desde muy joven y saliendo adelante con su pequeño hostal, aun dando amablemente sus descuentos. Viajó a uno de los lugares más bonitos cerca de Jinotega, que es la finca de una familia dedicada al proceso del cultivo de café la Familia López López, muy buenos amigos de mi familia. Y además mi mas profunda emoción al ver la foto de “la Funeraria del Pueblo” que es el negocio de mi familia….de espalda aparece mi amado padre un humilde hombre que de carpintero y sin mucha educación formal pudo sacar adelante a 6 hijos.
    Lo felicito por ser un viajero que se mezcla con la vida común y corriente de los lugares que visita.
    Cuando regrese espero hacerle un grandioso tour tanto en Jinotega como en lugares maravillosos de nuestra Nicaragua,

    • Juan Alberto Casado

      Una vez más, muchas gracias por sus palabras Doris. Es una preciosa casualidad que salga su padre en la fotografía y el negocio de su familia. Aquí en España no es usual ver negocios como funerarias abiertas a la calle, suelen estar un poco más apartadas y resguardadas, así que me llamó un poco la atención y por eso tomé la fotografía. Jinotega fue sin duda uno de los lugares que más me gustaron de Nicaragua, si no el que más, así que siempre lo recomendaré. Un saludo!

      • Gracias por escribir su experiencia en mi pueblo. Tiene qu volver y conocer el territorio que produce unos de los mejores café de Nicaragua y el mayor productor de alimentos. Dios bendiga sus pasos y otras personas se contagien de la virtud de observar la belleza y grandeza que encierra el misterio de cada ser humano.

        • Juan Alberto Casado

          Muchísimas gracias por sus palabras, Eva. Fue un gran placer conocer su pueblo y ojalá que pueda regresar algún día pronto. Ha captado usted perfectamente la idea: que otra gente se contagie de una mirada que ve a la bondad como algo que todos tenemos en común seamos del país que seamos.

  2. Ajax Jarquin Palacios

    Sr. Juan Alberto muchas gracias por haber compartido su viaje a Jinotega, obviamente por ser de ahí me sentí identificado mientras iba leyendo y observando las fotografías que tomo. Me siento muy bien cuando un extranjero habla bien de nuestra ciudad y lo recomienda. Jinotega tiene mucho potencial y lugares muy especiales que otras ciudades del país no posee. Siempre es bienvenido y cuando quiera ir a conocer mas lugares excelentes de Jinotega le puedo recomendar. Saludos y bendiciones

    • Juan Alberto Casado

      Estimado Ajax, me alegro muchísimo de que le haya gustado. En todo caso, lo que cuento es lo que vi, la gente de su pueblo fue muy amable conmigo y así lo he contado. Un saludo y espero que nos encontremos por Jinotega en el futuro.

      • Mucho gusto sr. Casado soy cristobal el joven q lo acompañaba para la finca los papales lo unico q se le olvido mi nombre describio como santiago pero fue un honor caminar con usted. Muy bonito el reportaje

        • Juan Alberto Casado

          Mil disculpas Cristobal!! No sé cómo me pude confundir, quizá porque ambos son nombres de santos 🙂 Ya lo he corregido. Me alegro mucho de que te haya gustado, un abrazo y mucha suerte por Jinotega

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