santuario del Imam Reza
Dentro del santuario del Imam Reza

Imam Reza, Mashhad, Irán

Lo primero que hice en Irán fue dirigirme a Mashhad, y allí pronto he descubierto, visitando el santuario y mezquita del Imam Reza, que estando en Irán en multitud de ocasiones me toman por un iraní más. Me preguntan por direcciones de calles o por dónde está el aseo, hasta que les miro con cara de pan cateto, se ríen y van a preguntarle a otro. Es curioso. La gran ventaja es que nadie sospecha que sea turista, por lo que no me miran con fijación tal y como me ha estado pasando los dos meses y pico anteriores, disfrutando así de la gran tranquilidad que aporta el anonimato.

Imam Reza
Santuario del Imam Reza

Casualmente, el pañuelo que compré en el mercado afgano de Ishkashim y que siempre llevo al cuello a modo de bufanda, ha resultado ser el mismo que emplean en su vestimenta diaria los Basij, una milicia al servicio del Ayatolá y que no son muy bien vistos por una buena parte de la población, que los ven como radicales. El caso es que por esta prenda me confunden con Basij, y la barba profusa es también un factor influyente a tener en cuenta.

Era común ver zonas donde rezaban o descansaban mujeres, sin separación física de las zonas por donde pasaban los hombres. En Irán el Islam no es siempre tan tan estricto...
Era común ver zonas donde rezaban o descansaban mujeres, sin separación física de las zonas por donde pasaban los hombres. En Irán el Islam no es siempre tan tan estricto…

Gracias a todo lo anterior tuve la suerte de vivir algo irrepetible, el sábado por la mañana en el santuario del Imam Reza en Mashhad, considerada la mezquita más grande del mundo por tamaño y la segunda por capacidad. Es uno de los lugares de peregrinaje más importantes del Islam. Cualquiera puede entrar al complejo, pero las zonas sagradas donde está, por ejemplo, la impactante tumba del Imam Reza, están en teoría vetadas a los no musulmanes. Aunque suele haber excepciones dependiendo de cómo se haya levantado quien esté al cargo ese día. En mi caso, nadie me preguntó si yo era o no musulmán, simplemente porque todos daban por hecho que era iraní. Unos 10 millones de peregrinos venidos de todo el mundo lo visitan anualmente, trayendo consigo donaciones astronómicas; huelga decir que se mueve muchísimo dinero en torno al Imam Reza en la ciudad de Mashhad.

En realidad tuve suerte de encontrarme esa misma mañana con Parsa, un iraní que conocí a través de Couchsurfing y que no pudo hospedarme pero se prestó para acompañarme por el día a conocer la ciudad. Su ayuda y su compañía fue fundamental para saber cómo actuar, dónde ir y cómo moverme, pues de otro modo seguramente habrían notado que era un turista y podrían haberme puesto alguna pega. El día empezó con gracia, porque yo venía de Turkmenistán, donde es una hora más, por lo que quedamos a las 9:30 pero yo aparecí allí a 8:30 (eran mis 9:30 de Turkmenistán). Llamé a Parsa y tuvo que darse prisa extra para llegar al punto de encuentro… cosas que sólo le pueden pasar a un viajero.

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Miles de personas se amontonan alrededor de la tumba del Imam Reza, en una amplia sala tapizada por cientos de miles de espejos que reflejan en todos los ángulos, cuidadosa y planificadamente, la luz proyectada por las despampanantes lámparas de araña creando una sensación de estar dentro de un diamante, durante las 24 horas del día, ya que el santuario no cierra nunca. La gente intenta por todos los medios tocar el fastuoso sarcófago construido de oro y pródigo en decoraciones: con sus manos, con trapos, con fotos, con sus hijos pequeños; todo vale. Esta imagen me recordaba inevitablemente a “El Rocío”, ya que la gente se vuelve loca con la misma impetuosidad homicida. No es que estuviera prohibido tomar fotografías o vídeos… solo que si los encargados del lugar te veía te tapaban y golpeaban con un largo y peludo escobón sacude-polvo. Dicha herramienta también la usaban para limpiar la tumba del Imam Reza de cuando en cuando. Aún así, me las ingenié para sacar disimuladamente la tableta y grabar y fotografiar un poco en el interior (no llevaba móvil ni cámara compacta…).

Los fieles rezaban entre lágrimas pidiéndole al Imam Reza que intercediera por ellos ante Allah, y se alejaban al cabo de un rato andando de espaldas para guardarle respeto al difunto hasta desaparecer por el fondo de la sala empujados por la corriente humana que saturaba la estancia hasta límites claustrofóbicos. Pocas veces en mi vida me he enfrentado a una atmósfera tan saturada de energía, donde la emoción se olía y respiraba, como si el aire dentro de la cámara viniese de otro planeta, y viendo las caras compungidas de las gentes uno no podía dejar de percibir inconscientemente que estaba ante algo cuya inmensidad supera la lógica humana, yendo más allá, saltando al terreno de los miedos, del más allá, de las esperanzas alentadas por necesidades irresolubles que requieren de una entidad superior para ser solventadas.

Todo aquello estaba cargado por las emociones de desesperación, de la fe ciega, de las creencias primitivas que arrastramos desde el principio de los tiempos en busca de respuestas a conceptos inalcanzables por su profundidad e imposibilidad de ser corroborados. El mismo día por la noche tuve que volver para vivirlo una vez más. Parsa aceptó y me acompañó nuevamente. Las emociones fueron las mismas, la impresión igual de fuerte: nunca parecía ser suficiente. Hoy en día solo el fútbol es capaz de mover masas emocionadas de gente con la misma intensidad.

santuario del Imam Reza
Dentro del santuario del Imam Reza

La Semana Santa en España se vive de forma similar, demostrando lo idénticas que son las necesidades y miedos entre los seres humanos de cualquier parte del mundo, pero lo descrito en este lugar acontece durante las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 12 meses del año sin interrupción. Una experiencia que pone los pelos de punta a cualquiera, sea o no sea creyente.

 

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