En el pequeño aeródromo había también varios helicópteros militares de fabricación rusa

El Presidente

“Un mojón para mí. El honorable Presidente de Tayikistán había decido desplazarse hasta Khorog por primera vez en lustros, por lo que la principal arteria del país, la que une estas dos principales ciudades, había sido cortada a cal y canto durante nada más y nada menos que dos días enteros”.

Khorog
Khorog

Llevaba dos días descansando forzosamente en Khorog pese a que en Dushanbe, capital de Tayikistán, tres visados me esperaban para ser procesados antes de poder continuar el viaje. Por el momento uno de ellos era inviable, debido a serias complicaciones cuyas intrigas desvelaré en próximas entregas. Determiné que recuperar fuerzas en el tranquilo Khorog era preferible a hacerlo en la gran ciudad, y así pasé lunes y martes. Finalmente el miércoles por la mañana recibí una prometedora noticia que auguraba solucionar el principal de mis contratiempos, y así decidí abandonar Khorog y marchar hacia Dushanbe.

Cosas que pasan en Khorog
Cosas que pasan en Khorog

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Un mojón para mí. El honorable Presidente de Tayikistán había decido desplazarse hasta Khorog por primera vez en lustros, por lo que la principal arteria del país, la que une estas dos principales ciudades, había sido cortada a cal y canto durante nada más y nada menos que dos días enteros. Fortísima presencia armada para controlar que no volvieran a sucederse incidentes violentos como los que ocurrieron hace pocos años. El Presidente no es muy querido en esta zona del país, y a mí tampoco me caía demasiado bien desde ahora. Cerrando dos días esta carretera impedía que llegase a Dushanbe antes del viernes por la noche, prorrogando el poder solicitar mis visados hasta el siguiente lunes, y haciéndome perder como mínimo cinco valiosos días.

Vaya ojazos que tenía esta chica tayika
Vaya ojazos que tenía esta chica tayika

Debo mencionar aquí que los días de viaje van un poco justos si quiero llegar a España antes de Navidad, y que cada día de retraso supone un sitio que tendré que dejar de visitar, a parte de tener que ir con más prisas, lo que me recuerda un poco al reto de “La vuelta al mundo en 80 días”, libro que andaba leyendo en el momento de los hechos.

Dadas las circunstancias mejor me hubiera unido a estos colegas...
Dadas las circunstancias mejor me hubiera unido a estos colegas…

No contento con resignarme, luchador vehemente yo, cogí mi mochila y anduve durante horas alejándome de Khorog, deseando hallar el final del control policial con la fe de ver surgir un milagro en forma de furgoneta-taxi ideando ir hacia Dushanbe. Mi gozo en un pozo, pues durante kilómetros y kilómetros los policías y militares se turnaban para controlar las masas de jóvenes tayicos que se reunían vestidos de gala, con los vestidos tradicionales del lugar, en pos de celebrar la excepcional visita del Presidente a la ciudad. Yo no me podía creer que fuesen a recibirlo con tanta bandera y parafernalia cuando estaba fastidiándonos de aquella manera. Concluí que siendo casi todos los allí presentes escolares, su presencia se debería a una obligación impuesta por sus respectivos colegios: un poquito de lavado de cerebro juvenil y propaganda política.

Bonitos vestidos para recibir al Presidente
Bonitos vestidos para recibir al Presidente

Caminando y caminando llegué hasta el aeropuerto, tras unos seis kilómetros de paseo cargado con mis mochilas y esquivando cientos de “hello” de los jóvenes que poblaban ambas aceras. Fue un bonito paseo para, una vez encaré el aeropuerto y comencé una búsqueda infructuosa en busca de billete para el próximo vuelo, acordarme de que no quiero coger aviones durante este viaje. Tal era mi desesperación ante la incredulidad de lo que estaba sucediendo, que ya ni me acordaba de lo más básico.

El uniforme de diario de las escolares era bastante ridículo, demasiado refinado para un país tan pobre como Tayikistán
El uniforme de diario de las escolares era bastante ridículo, demasiado refinado para un país tan pobre como Tayikistán

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Pero no era el más alto cargo gubernamental de Tayikistán el único que me estaba tocando las narices aquel día. Una vez cejé en mi empeño de buscar vuelo, sentado en un incómodo banco de hierro situado en el interior de la única terminal de la que gozaba el aeródromo, agotado y desconsolado, los tres muchachos que trabajaban en el aeropuerto, muy bien uniformados ellos, también pusieron a prueba mi paciencia. Mientras uno intentaba ser simpático pero solo conseguía ser pesado, haciéndome mil preguntas sobre España utilizando google translator y enseñándome fotos de jugadores del Real Madrid que tenía en su móvil, conversación para la cuál yo no tenía ánimos en aquel instante; otro de sus compañeros, un bravucón veintiañero que quizá estaba asustado de mi mochila potencialmente cargada de explosivos para reventar el aeropuerto al paso del convoy del Presidente, quiso ver mi pasaporte.

En el pequeño aeródromo había también varios helicópteros militares de fabricación rusa
En el pequeño aeródromo había también varios helicópteros militares de fabricación rusa

No, le dije impertérrito. No le iba a dar mi pasaporte a un cualquiera prepotente que me miraba mal. Si no me lo das tendré que buscar a la policía, me amenazó. Busca a la policía entonces, le sugerí tranquilamente. Y allá que fue. Pasaron unos minutos cuando un viejo militar que no imponía respeto alguno apareció en escena solicitándome educadamente el pasaporte. Le enseñé el visado, sin soltar nunca el libreto de celulosa de mi mano, y se marchó sin más. Ahí quedó la cosa, y ahí me quedé yo en el banco, aún sin energía para moverme, mirando al vacío. Inesperadamente unos quince vehículos todo terreno de lujo pasaron por la carretera que se veía al otro lado de las vidrieras de la terminal, trasponiendo a toda velocidad. El Presidente. Decidí que era hora de regresar al hostal, aún a un par de horas desandando cargado con la mochila. Deshaciendo mis pasos, derrotado. Derrotado por el Presidente.

Una vez pasó el Presidente, todo el gentío deshizo sus pasos hacia Khorog
Una vez pasó el Presidente, todo el gentío deshizo sus pasos hacia Khorog

A mitad de camino las masas se arremolinaron en una colorida escena de cientos de personas vistiendo ropas tradicionales de color rojo vivo y blanco resplandeciente, así como otros enfundados en trajes verdes de ante. Intenté abrirme paso entre la multitud, demasiado agotado como para esperar a nadie, pero llegó un momento en el que la barrera humana era infranqueable. Y entonces salió el Presidente de la puerta de un edificio contiguo, en dirección al todo terreno aparcado justo en frente de la puerta, a tres metros de donde yo estaba. El ilustre señor abrió una de las puertas y se puso de pie sobresaliendo por encima del techo del todo terreno, saludando con la mano a las masas enfervorecidas, que agitaban sus banderas y aclamaban con gritos y aplausos a aquel sátrapa cierra-carreteras.

De un día desastroso en el que difícilmente podía sacarse algo positivo, al final la carretera me proveyó con un momento destacable para recordar. Ver al Presidente tan de cerca no tenía precio, fue lo mejor del día: pude quejarme amistosa y educadamente en su cara, sin intermediarios.

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