Ciudad Peronia, del mito a la realidad

Fluía el optimismo y la alegría. Lo de aquella mañana no fue una simple ayuda puntual, sino una fuente de esperanza de cara al futuro empoderamiento de la comunidad y la mejora de sus condiciones de vida generales. A través de este tipo de acciones, las instituciones contribuyen a crear sentimiento de comunidad y a mostrar al exterior que Ciudad Peronia es mucho más que la violencia de la que hablan los medios habitualmente.

En Guatemala existen una serie de barrios denostados por el resto de la sociedad. Suelen ser ciudades satélite de construcciones rudimentarias y población enfrentada a problemas socioeconómicos de toda índole. Son, al mismo tiempo, los lugares donde la delincuencia medra con mayor facilidad, donde más predominan las maras, las armas, la extorsión y la violencia. Los ciudadanos comunes temen estas barriadas y a sus gentes, y nadie en su sano juicio se atrevería a acudir a tales lugares por su propia voluntad.

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Vista desde una parte de Ciudad Peronia

Ciudad Peronia es una de estas barriadas, una de las mayores, con más de 100.000 habitantes. La primera vez que acudí a este lugar lo hice para asistir a una reunión entre el Inspector de Policía de la Subcomisaría de la Policía Nacional Civil de Ciudad Peronia, varios líderes comunitarios de Ciudad Peronia, y los investigadores de la Universidad de San Carlos de Guatemala con los que me encontraba colaborando en su proyecto de investigación sobre violencia juvenil. En aquella reunión el inspector presentó como un éxito que el mes anterior solo hubiese dos asesinatos, dato que fue escuchado con atención, normalidad y puede que incluso agrado por los asistentes. Menos por mí, que quedé alarmado ante la tranquilidad con la que los interlocutores digerían aquel dato. “Hay algo que me llama la atención”, les dije, “y es que en la zona de España donde yo vivo, que puede tener una población similar a la de Ciudad Peronia, el que haya “solo” dos asesinatos al mes sería motivo para que nadie durmiera tranquilamente por la noche. Están ustedes dando por buenos unos niveles de violencia que, en realidad, no lo son”. Sobre esto trataba la investigación que estábamos llevando a cabo: los imaginarios sociales sobre la violencia; es decir, cómo la sociedad piensa la violencia, la normaliza, se alarma ante ella, le pone freno o vive en el miedo –sea este real o simplemente fabricado por, por ejemplo, los medios de comunicación-.

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Imagen de la Escuela Corazón Maya (o Ciudad Peronia II)
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El material escolar y las instalaciones estaban realmente deterioradas por falta de inversión.

Así pues, aquel dato de los dos muertos se me quedó en la mente. Cuando se lo comenté a un amigo, estudiante de criminología, culto y con un gran conocimiento de la realidad guatemalteca, soltó una carcajada y me dijo que eso era imposible, que con total seguridad la cifra de asesinatos en Ciudad Peronia era mucho mayor. Según escuché, los muertos nunca aparecen donde eran asesinados, y así contabilizaban en las estadísticas de otros lugares. En todo caso, pensé que esa negativa a creer datos oficiales se debía, más bien, al miedo que sobre Ciudad Peronia tenían los ciudadanos de a pie. Cualquier noticia en televisión, radio o periódico sobre Ciudad Peronia versaba sobre extorsión, muertos, delincuencia o maras, ¿cómo no iba la gente a temer, odiar y demonizar a sus habitantes?

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Imagen de la Escuela Corazón Maya (o Ciudad Peronia II)
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Imagen de la Escuela Corazón Maya (o Ciudad Peronia II)

Hablaba con algunos habitantes de Ciudad Peronia durante mi segunda visita al lugar, varias semanas después de la primera, y me confesaban con resignación que cuando tenían entrevistas de trabajo se veían obligados a mentir sobre su procedencia. Admitir que era ciudadanos de este barrio significaría su automática expulsión del proceso selectivo, nadie les quería, todos les temían. ¿Ciudadano de Ciudad Peronia? Marero. ¿Ciudadana de Ciudad Peronia? Mujer de marero, extorsionadora. Por si no fuese suficientemente difícil su situación real, desde fuera se exageraba más aún, hasta el punto de que tanta exclusión social no hacía más que empujar a sus jóvenes a caer en esa misma delincuencia que se les atribuía de manera más o menos exagerada y amarillista.

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Mi segunda visita aconteció cuando la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), con el apoyo de la propia comunidad de Ciudad Peronia, llevó a cabo una acción de cuidados odontológicos gratuitos para los ciudadanos de dicha zona. Un equipo de odontólogos de la Facultad de Odontología de la USAC, acompañados por miembros de la Escuela de Ciencia Política de la USAC y de miembros destacados de la comunidad de Ciudad Peronia, llevaron a cabo labores de cuidados odontológicos que incluían examen, limpieza y extracción de dientes. Este servicio fue realizado sin coste alguno para los ciudadanos de la comunidad gracias al material proporcionado y trasladado hasta la zona por la propia USAC, como parte del proyecto Plataforma Nacional para la Reforma del Estado. Además, al finalizar la jornada, hubo una reunión en la que la Universidad llegó al compromiso de crear programas de apoyo para que los jóvenes puedan alcanzar niveles de estudios superiores -algo solicitado por la propia comunidad-.

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Reunión entre miembros de la USAC y líderes comunitarios

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Sala de espera

Al contrario de lo que uno podría pensar si se dejase llevar por los rumores sobre esta barriada, existe organización social, líderes comunitarios e interés en coordinarse para mejorar su situación de forma activa. Los líderes comunitarios también tomaron parte activa en la consecución del éxito de la jornada odontológica, logrando organizar el lugar donde ésta se celebraría -la Escuela Corazón Maya-, propiciando la difusión previa de la acción entre los ciudadanos y convocándolos el día clave, e incluso proporcionando un suculento almuerzo durante el cual los miembros de la USAC y de Ciudad Peronia compartieron alimentos de manera conjunta tras finalizar la actividad.

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Doña Etel (lideresa comunitaria) sirve la comida

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Casi doscientas personas, entre niños, niñas, y mujeres y hombres de todas las edades, acudieron a solicitar su turno para ser atendidos por el incansable personal de la Facultad de Odontología, que trabajó sin descanso desde las ocho de la mañana hasta aproximadamente las dos de la tarde. Nadie quedó sin atender, y quitando algún llanto de los pequeños a quienes tuvieron que extraerle algún diente, la jornada transcurrió con alegría y agradecimiento mutuo entre los diferentes actores que se dieron cita en Ciudad Peronia en esta novedosa jornada.

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Algunos niños estaban asustados ante el dentista. Normal.
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Cazado mientras tomaba la anterior fotografía
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Además, a los niños se les daba lecciones de cuidado dental
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Un mal rato necesario

Allí compartí la mañana con los habitantes de este lugar tachado en rojo –zona roja, la llaman, por lo peligrosa-, personas de carne y hueso, no de miedo y rumores exagerados. Personas tan normales que costaba creer que las noticias negativas que se contaban sobre su poblado pudiesen ser reales. Pero ellos eran bien conscientes de los problemas a los que muchos de sus vecinos -cuando no ellos mismos- se enfrentaban: desempleo, drogas, falta de infraestructuras, de seguridad, educación y sanidad, exclusión y pobreza extremas, etc. Sorprendía la consciencia que personas sin especial formación tenían sobre temas de índole política o social, hablando con un conocimiento de causa, con una propiedad y raciocinio sobre estos asuntos, que superaba en mucho al dominio común del ciudadano medio español. Durante mi estancia en Guatemala fue común coincidir con alguien en un autobús, o en un restaurante, empezar a hablar sobre violencia, política o sociedad y verme sorprendido por sus altos conocimientos teóricos en la materia. Realmente les iba el futuro en ello, no como a muchos de nosotros, acomodados, que no prestamos atención a la política porque nos resulta aburrida y cosa de otros. Son todos corruptos, decimos, y no hacemos nada por evitarlo. En Guatemala, durante los días que viví allí, se manifestaron más de cien mil personas para hacer dimitir al presidente: lo consiguieron.

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Este chico, pese a su juventud, era verdaderamente consciente de la problemática de Ciudad Peronia
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Entrevistando

Doña Etel, Don Teodoro, líderes comunitarios veteranos con un conocimiento y una responsabilidad social sorprendentes. Chicos y chicas jóvenes que hacían lo posible por estudiar y escapar de la exclusión a la que sus conocidos en el barrio se veían abocados. Multitud de niños con un futuro por delante que está en manos de las políticas que se apliquen en Ciudad Peronia en el presente inmediato, del cual estábamos formando parte en aquel preciso momento todos los allí presentes: los organizadores que colaboraron voluntariamente, los participantes que confiaron y se presentaron aquella mañana, los testigos como yo que documentaron lo ocurrido. Algo fascinante de todo aquello fue observar, con gran emoción, cómo la presencia de un extranjero con una cámara les hacía sentirse queridos, importantes durante aquella jornada, pues por una vez alguien se interesaba en ellos para contar algo positivo. No para curiosear sobre un asesinato o para correr a redacción para hablar sobre los problemas de extorsión a conductores de autobús en Ciudad Peronia, sino para relatar cómo la comunidad se organizó y cómo las instituciones públicas les prestaron la atención necesaria.

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En las entrevistas que realicé a los asistentes, estos coincidían en su alegría ante el interés mostrado por una institución pública a la hora de preocuparse por sus problemas reales, manifestando su deseo de que tales acciones continuasen en el futuro. “Este tipo de actividades ayudan mucho a las personas pobres del barrio, porque los tratamientos odontológicos son demasiado caros y hay quien no se los puede permitir”, eran frases repetidas por muchos a lo largo de la mañana. “Agradecemos con el corazón a la Universidad San Carlos y a los voluntarios de la Universidad de Málaga por haber organizado esta jornada”, afirmaban algunos niños ante la cámara, motivados por sus padres.

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Esta chica tenía especial arte ante la cámara, y se sentía en su salsa siendo entrevistada
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Había pocos hombres en la jornada, la mayoría de los presentes eran mujeres adultas y niños.

Fluía el optimismo y la alegría. Lo de aquella mañana no fue una simple ayuda puntual, sino una fuente de esperanza de cara al futuro empoderamiento de la comunidad y la mejora de sus condiciones de vida generales. A través de este tipo de acciones, las instituciones contribuyen a crear sentimiento de comunidad y a mostrar al exterior que Ciudad Peronia es mucho más que la violencia de la que hablan los medios habitualmente. Documentando y hablando sobre ello ponía mi granito de arena y me sentía feliz de pensar que mi presencia pudiera servir de algo a aquella noble gente. Sin lugar a dudas, Ciudad Peronia, durante esta jornada odontológica, mostró su mejor sonrisa.

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Este pequeñín fue mi auxiliar de cámara durante la mañana
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Actuación de rap de un chico con las ideas muy claras. Las letras describían a la perfección la estigmatización a la que estaba sometida Ciudad Peronia y sus jóvenes.

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