Moscas en el desierto de Wadi Rum

“No paraban de llegar, de revolotearme, de posarse dentro de mis orejas, en las comisuras de mis labios y mis ojos en busca de mis húmedas mucosas, de engancharse entre ellas con finalidades reproductivas delante de mis narices, sobre mi comida. Me estaban tocando mucho las pelotas ya, aquellas moscas”. Seguir leyendo Moscas en el desierto de Wadi Rum

Meteora, guerra y fe

La necesidad de escapar del enemigo turco se aunó con la religiosidad para construir estos portentosos monasterios. No hay nada que mueva más fuerzas que la fe y la guerra. Los primeros fueron construidos por monjes en el siglo XIV, llegando un siglo después a la cifra total de 24 monasterios, de los que hoy sólo quedan seis.

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El Muro de las Lamentaciones

“Los rezos reverberaban contra el Muro y nos envolvían con un incesante sonido de voces cantarinas arrítmicas, pero que armonizaban a la perfección entre sí creando un ambiente cautivador, provocador de una sobrehumana estimulación de los sentidos”.

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Hebrón, ciudad sitiada

“Sobre nuestras cabezas, unas redes metálicas se amarraban de pared a pared frenando los ataques directos de los colonos, que arrojaban piedras sobre los viandantes palestinos: hasta tal punto llegaba su hostilidad”. Seguir leyendo Hebrón, ciudad sitiada

Tensión en Mitrovica

“Aquel hombre podría haber protagonizado una película bélica de temática genocida sin necesidad de atrezo ni caracterización alguna. Era el estereotipo de máquina de matar, el Rambo de Mitrovica, el Stallone de los Balcanes. No existía el casting que se le escapara a aquel mazacote de músculo enloquecido”.

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Con la flor en el culo

“Saqué el dinero de mi bolsillo y lo puse sobre la bandeja que comunicaba el interior la taquilla con el exterior, a través del cristal de separación, mientras me amarraba fuertemente la mochila grande a mi espalda y me enfundaba la pequeña, prácticamente vacía, en el pecho. Calentaba los tobillos: me preparaba para dejarlo todo en la pista, en mis particulares olimpiadas ferroviarias”.

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La vía férrea no siempre provee

“Un minuto después dejábamos a nuestra izquierda un automóvil gris con la parte delantera completamente destruida, chorreando aceite sobre el asfalto y desplazado hacia la cuneta. El conductor había sido sacado y tumbado en el suelo con un hilo de sangre saliendo de su cabeza…”.

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